martes, 8 de marzo de 2011

Aquiles

El matrimonio de Tetis y Peleo, a pesar de su fastuosa boda, solo duró unos pocos años; cuando nació su hijo Aquiles, Tetis abandonó a Peleo y volvió al fondo del mar. Hay quien dice que, antes de Aquiles, nacieron otro hijos, y que su madre, incapaz de aceptar la condición mortal que habían heredado de su padre, intentó eliminarla mediante el ritual mágico de exponerlos al fuego; pero lejos de convertirlos en inmortales, las llamas acabaron con sus vidas. Por eso, cuando nació Aquiles, Peleo no dejó de vigilar a su esposa y así pudo sorprenderla en el momento de colocar al niño en el fuego. Peleo consiguió cogerlo y pudo salvarle la vida; pero, desgraciadamente, los huesos del pie derecho ya se habían quemado. Fue el centauro Quirón quien evitó que el niño quedara cojo con una acción sorprendente: desenterró el cadáver de un gran corredor, el gigante Dámiso, y con los huesos de su pie hizo una prótesis para el niño. Tal vez por eso nadie era más veloz que Aquiles.
Otros dicen que Aquiles fue el primer hijo de Tetis y Peleo, y que la diosa, sabiendo que no podía impedir que su hijo fuera mortal, intentó hacerlo invulnerable sumergiéndolo en las frías aguas de la laguna Estigia; pero mientras lo introducía en el agua, lo sujetaba de un pie, por lo que esa parte de su cuerpo no entró en contacto directo con el agua y se convirtió en su único punto vulnerable. Cuando Tetis abandonó a Peleo, Aquiles fue enviado a casa de Quirón, situada en el monte Pelión, para que este lo educara: allí aprendió a cazar, a domar caballos y a luchar con todo tipo de armas, así como a cantar y a tocar la cítara. Pero su educación hubiera quedado incompleta si Quirón no hubiera ejercitado en las virtudes que caracterizan a un héroe: el culto al honor, el amor a la verdad, la lealtad a los amigos, la resistencia ante el dolor y, por supuesto, el arte de hablar bien en las asambleas con palabras persuasivas.
Cuando Aquiles todavía era un niño, Tetis supo que, si su hijo participaba en la Guerra de Troya, no volvería con vida de ella. Por eso, decidió esconderlo en Esciro, en la corte del rey Licomedes, disfrazado de niña. Aquiles se resistía a ser lo que no era, pero cuando vió a la bella Deidamía, una de las hijas del rey, aceptó el engaño. Y así pasó nueve años en Esciro, haciéndose pasar por hija de Licomedes. La llamaban Pirra porque sus cabellos rubios eran como el fuego.

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