jueves, 3 de marzo de 2011

La nereida Tetis

Zeus, rey de los dioses ,se enamoró de Tetis,una de las 50 hijas del dios marino Nereo y quiso tener una aventura con ella. Pero el anciano Proteo, una divinidad del mar que tenía la capacidad de adivinar el futuro, predijo que el hijo que naciera de Tetis superaría en todo a su padre. Zeus, al oír la profecía, por temor a que su hijo lo destronara, decidió que Tetis se casara con un mortal, Peleo Eácida, rey de Ftía.
Tetis al principio se negó a este matrimonio que consideraba humillante. Zeus, entonces aconsejó a Peleo que la intentara seducir en una cueva junto a la playa de Hermonia, donde le gustaba descansar. Peleo fue allí y la encontró dormida. Entonces, abrazándola con fuerza intentó forzarla. La diosa tenía la facultad de cambiar de figura pero ni transformándose en árbol ni en ave podía escapar de él. Se transformó en tigre y Peleo aterrado huyó.
Peleo consultó entonces al dios Proteo, que le dijo que éxito de su empeño consistía en hacer frente a las figuras que la diosa adoptaba. Y lo intentó por segunda vez, reteniendo con fuerza el cuerpo de la nereida, hasta que cansada se mostró como Tetis. Comprendiendo que Peleo contaba con el apoyo de los dioses, ella se rindió y ambos se unieron y concibieron un hijo.
La boda se celebró en el monte Pelión. Asistieron tanto los dioses olímpicos como nereidas, musas, centauros... La alegría reinaba hasta que se presentó la única diosa que no había sido invitada: Eris (la Discordia). Como venganza, arrojó sobre la mesa una manzana del jardín de las Hespérides en la que se podía leer: " Para la más hermosa ".
Inmediatamente tres diosas se abalanzaron para coger la manzana: Hera, Atenea y Afrodita. La pelea fue grande y, como no se ponían de acuerdo en quién debía ser la poseedora de esta manzana, pidieron a Zeus que resolviera la disput. Pero Zeus, temiendo los reproches de las perdedoras, decidió que la elección corriera a cargo de un mortal: Paris, un joven troyano. Zeus ordenó a Hermes, el mensajero de los dioses, que se trasladara con las tres diosas hasta el monte Ida, donde Paris apacentaba diariamente su rebaño.  

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